Memoria Oral

I Jornadas

I Jornadas de Memoria Oral 

LUCES, CÁMARA, ACCIÓN: EL CID Y SANTA MAGDALENA

Entre diciembre de 1960 y febrero de 1961 se rodó El Cid en la vecina Peñíscola. La película, dirigida por Anthony Mann y producida por Samuel Bronston, estaba protagonizada por Charlton Heston y Sofia Loren, dos grandes del cine internacional.

El rodaje debió de crear una gran expectación en una sociedad empobrecida y prácticamente analfabeta como era la magdalenera (como la valenciana o la española) de los años sesenta.

En Peñíscola, todo el mundo trabajó en la película, pero la producción requería muchos extras y por eso también la gente de los pueblos vecinos acudió a participar.

Además, no estaba nada mal pagado: 100 pesetas al día no se ganaban yendo al campo toda la semana; por eso encontramos magdaleneros y magdaleneras haciendo de moros, de cristianos o de lo que hiciera falta. Iban en camión, autobús, carro, tractor, moto o bicicleta, como se podía.

Un Rodaje que Sacudió al Pueblo

Peñíscola ya tenía experiencia cinematográfica: unos años antes Berlanga había rodado allí “Calabuch”, pero el impacto de la superproducción americana superó con creces al de aquella.

En aquellos años, en Peñíscola vivían unas 2500 personas, pero durante aquellos meses llegaron unos 5000 extras, y dinero, mucho dinero.

En el año 1953 el estado español ya había firmado acuerdos con EEUU y se ponía fin al aislamiento internacional. Eso marcaba el inicio de un período de liberalismo económico que tendría como guinda la aprobación del Plan de Estabilización de 1959.

Se inicia así una de las etapas de mayor crecimiento económico del país: llega a Peñíscola el boom turístico; no obstante, en Santa Magdalena la gente sigue emigrando a las ciudades, sobre todo a la zona de Barcelona y El Prat.

Los cambios económicos, aquí, tardan en llegar y no hace falta hablar de la represión que el régimen sigue ejerciendo en todas partes.

Por eso el rodaje de El Cid debió suponer, para nuestros actores y actrices, no solo unos ingresos extraordinarios casi necesarios, sino también una bocanada de aire fresco en un pueblo que había vivido la guerra y la posguerra de manera muy dura.

II Jornadas: El Cereal

II Jornadas de Memoria Oral: Tierra de Pan, Tierra de Viña

EL CEREAL. CONTEXTO HISTÓRICO

TIERRA DE PAN hace referencia a aquella tierra buena, de calidad, donde se pueden plantar los cultivos más exigentes, como por ejemplo el trigo. Santa Magdalena también disponía de “tierra de pan”, por eso durante muchos años y hasta comienzos de los años 60 del siglo XX se cultivaban distintos cereales y legumbres que servían de alimento a sus vecinos y también al ganado.

Trigo, cebada, leguminosas… siempre han estado presentes en nuestra agricultura, pero en épocas de crisis adquirían más relevancia por ser productos de primera necesidad. Es por eso que durante la posguerra, como había escasez de alimentos y la fiscalía se apropiaba de una parte importante de las cosechas, la harina era un bien que también circulaba en el mercado negro. Era el estraperlo.

La gente que disponía de este producto tan preciado podía desplazarse incluso hasta las tierras del Ebro, siempre a escondidas, para cambiarlo por arroz o cualquier otra cosa.

Ya entrados los años 50 la situación fue cambiando poco a poco hasta que en 1959, con el Plan de Estabilización, que supuso un crecimiento económico para el país y una apertura a otros mercados, el acceso a estos productos básicos se volvió mucho más fácil.

Este hecho, junto con la introducción de otros cultivos y la mecanización y especialización del campo, contribuyeron a su desaparición.

II Jornadas: La Viña

II Jornadas de Memoria Oral: Tierra de Pan, Tierra de Viña

LA VIÑA. CONTEXTO HISTÓRICO

Si hablamos de viña en Santa Magdalena, hablamos de la historia de nuestro pueblo y de nuestra comarca, porque ha estado presente a lo largo de los siglos. Nos centraremos en el período comprendido entre la segunda mitad del siglo XIX y los años 80-90 del siglo XX.

La viña, junto con los olivos, los algarrobos y los cereales, ha sido uno de los cultivos tradicionales y uno de los motores económicos con un peso específico diferente dependiendo del momento histórico.

Durante todo el siglo XIX hay una tendencia creciente a la plantación de viña para vino, consecuencia de un consumo al alza de aguardiente y de un aumento de la demanda en toda Europa provocado por las plagas del oídio y la filoxera (de momento, a nuestras tierras todavía no habían llegado). A estas circunstancias hay que añadir un desarrollo de la red ferroviaria y la proximidad a puertos de embarque (Vinaròs, Benicarló y Peñíscola)

El siglo XX trae consigo la enfermedad de la filoxera a nuestro territorio (1899-1910), que acaba con las cepas de viña franca existentes. Estas tuvieron que ser sustituidas por pies bordes americanos, tolerantes a la enfermedad. En este período y hasta la llegada de la Guerra Civil (1936), el vino y el aguardiente pierden algo de protagonismo y se impulsan otros cultivos como los del cereal y el olivo.

En los tres años de Guerra Civil (1936-1939) la agricultura, como otros aspectos de la vida en los pueblos, pasa a un segundo plano. Al terminar el conflicto se retomaron los cultivos de arbolado (algarrobos y olivos mayoritariamente), mientras que la viña de vino fue desapareciendo poco a poco, sustituida por los cultivos de productos de primera necesidad como el trigo y las legumbres, para favorecer el autoabastecimiento.

LA HELADA DEL 46 Y LA DEL 57

La helada del 46 primero y la del 57 después fueron puntos de inflexión en el cultivo de la viña y, de rebote, en la economía tanto del pueblo como de la comarca. La del 46 heló las partes bajas del término, lo que redujo significativamente el número de olivos e hizo desaparecer prácticamente los pocos almendros que había; en cuanto a la del 57, afectó a las partes más altas, helando sobre todo los algarrobos.

Fue por eso que allí donde había habido estos cultivos se empezó a plantar viña para uva de mesa o para vino (con pies híbridos americanos), combinándola en ocasiones con nuevos olivos, algarrobos o almendros. Los agricultores pasaron del autoabastecimiento a una agricultura más especializada que permitía incrementar los ingresos; por eso la superficie dedicada al cultivo de la viña empieza a aumentar desde ese momento hasta los años 70 (punto más álgido). Sobre todo la uva de mesa se convierte en un producto muy importante para la economía familiar.

LEYES Y PRIMER PASO HACIA LA DESAPARICIÓN DE LA VIÑA

La Ley 25/71 del estatuto de la viña y el Decreto 835/1972 prohíben específicamente cualquier uso alimentario de la uva procedente de cepas híbridas americanas. La razón era la supuesta toxicidad del producto por el exceso de alcohol metílico. El vino procedente de estas cepas suponía aproximadamente un 60% del terreno dedicado a este cultivo en la provincia de Castellón. Esto supuso un primer paso en la desaparición de la viña.

REORIENTACIÓN DE LA PRODUCCIÓN Y FINAL DE LA VIÑA

Al mismo tiempo, la política estatal y comunitaria apuntaba a una reorientación de la producción: durante los 80 comenzaron a fomentarse políticas destinadas a incentivar la eliminación total de las viñas mediante unas subvenciones desproporcionadas. Esto, junto con la escasez en la producción en algunos períodos, la competencia de otras zonas del estado y el incremento de los gastos, aceleraron el final de la viña.

II Jornadas: Inventario

II Jornadas de Memoria Oral: Tierra de Pan, Tierra de Viña

INVENTARIO


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